Cuando supe lo que sucedió, decidí su destino. Era lo mejor para ella. Deshacernos del Juancho. Si. Ya no podía verlo y ella estaba TAN confundida. Lo mejor seria matarlo. Le dije: “No importa lo que suceda, ya no volverá a pasar”. Fuimos camino al departamento del Juancho y le dije a Clara: “Tu entras y dejas la puerta a medio cerrar...ok?”. Ella aceptó sin imaginar lo que pasaría. Juancho abrió y la hizo pasar, y Clara dejo la puerta abierta como le pedí. Entre silenciosamente y me escondí en la logia.
Mi amiga se fue al poco rato y él se fue a su cuarto. Espere veinte minutos y fui a donde él. Me asomé por la puerta y lo encontré durmiendo. Volví a la cocina y saqué uno de los cuchillos. Estaba con mucho filo, excelente... fui a otra de las piezas y saqué una almohada. En la mochila llevaba una botella de cloroformo y una cuerda. Mojé la almohada con cloroformo. Me dirigí a la habitación el susodicho. Estaba a punto de completar mi trabajo, cuado me llamó el water. Fui al baño y pensé “después de matarlo podré hacer todo el ruido que estime conveniente”. Volví a implementarme y fui nuevamente a su cuarto. Al llegar me espanté: él ya no estaba. ¡No! ¡Demonios! ¿Dónde está ese pervertido hipócrita? Oí ruidos en la cocina, me escondí en el closet. Él volvió a su pieza, se sentó y bebió un vaso con jugo. Luego de eso, sólo dejó el vaso, se desvistió y se metió en la cama. No me había dado cuenta de la hora. Eran cerca de las 21.00 el sueño comenzaba a derrotarme, aparte el cloroformo de la almohada, que ya se había esfumado. Logré esperar veinte minutos más y salí de mi escondite. Fui hasta mi mochila y empapé nuevamente la almohada. Volví a la habitación del maldito que se aprovechaba de Clara. Ahí estaba, desnudo, como llegó al mundo y como se iría. Me dio pena, pero recordé el hecho en si: el dolor de mi amiga. Me ardió la sangre y seguí adelante. Le puse de una vez la almohada en el rostro, se despertó y comenzó a patalear, tratando de agredirme y sólo llegó con las manos hasta mi cuello, estaba desesperado, comenzó a presionar, ya me estaba ahogando y presioné más fuerte, y él cayó. Se durmió más profundamente. Tomé el cuchillo y sin piedad, apuñalé hasta el fondo. La sangre me cubría, como a la pieza y todo alrededor. Mi culpa fue manchada con sangre de él. No tenía a la más mínima intención de limpiar, pero recordé a Clara. Supuestamente ella era la última persona en ir a la casa. Comencé a limpiar cuidadosamente. Me acordé del baño y tiré la cadena. Sobre el cuerpo, me costó más que limpiar. No sabía donde meterlo. No sabía que hacer. Decidí crear una leyenda. Con el cuchillo ya ensangrentado, corté, la grasa, la carne, los vasos. Le saqué el corazón y lo metí en una bolsa. Allí quedó el pobre.
Su corazón lo tengo aún en un frasco con formol. Fue mi crimen perfecto. Después de salir, se cometieron muchos otros crímenes (no por mi, claro) pero para esconder la verdad, se roban los corazones de los difuntos.
Y así corrió mi leyenda. La leyenda del “roba-corazones”.
The End
sábado, 18 de abril de 2009
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muaaaaaaaaaaaaaaajajajajajajajajaja!!!!
ResponderEliminarsi supiera el mundo.... q tu corazon me pertenece...